Somosierra

Abedular de Canencia

viernes, 28 de febrero de 2014

Camino de Santiago. Camino Francés. San Juan de Ortega-Burgos



Camino de Santiago. Camino Francés. San Juan de Ortega-Burgos











Camino de Santiago.Camino Francés
Etapa 12 San Juan de Ortega (Burgos) -Ciudad de Burgos ( 28,8 Km. )




La etapa de hoy es larga, yo la dividiría en dos partes, la primera de agradable caminar y bello paisaje, la segunda aburrida en interminable camino de la ciudad de Burgos. Nosotros, ya lo he dicho anteriormente, no somos peregrinos de grandes madrugones; así que una vez más partimos muy pasadas las nueve. 

Esta etapa de casi 30 km, nos llevará desde el romántico monasterio de San Juan de Ortega, enclavado en un bello paraje de bosques y prados, hasta la ciudad de Burgos, la más grande que atraviesa el Camino.


    San Juan de Ortega


    Sendero con robles


Atrás se va quedando el monasterio y la pequeña población de San Juan de Ortega, un silencioso y recogido lugar donde la soledad inspira momentos de reflexión y paz. Pero el camino debe continuar y una nueva etapa nos llevará por bosques, colinas y algunos pueblos con enorme encanto. yo sea por su soledad o por ese aura que tienen algunos pueblos que se encuentran medio abandonados, cosa que por otro lado no llego a entender, invadiéndome la pena por dejar perderse monumentos llenos de años y arte.




Bosques de robles y pinos hacen que los primeros kilómetros sean agradables de recorrer, camino amplio, fácil y con temperaturas suaves son la clave para disfrutar de esta mañana nublada camino de Burgos. 


    Camino de Agés 

En algún momento el camino pasa por una pasarela en un lugar, no sé por qué, llamado "la Trinchera del inglés". Una enormes y centenarios robles se interponen en nuestro camino, y casi te incitan a dejarte fotografiar junto a ellos.


    Meseta con dos grandes robles  

 

 Estamos en una pequeña meseta donde nos sorprende una enorme especie de diana construida con piedras del lugar, ni idea del significado, pero el lugar, junto a los robles y con la imagen del pueblo de Agés al fondo, es de gran atractivo. La carrtera de grava deja los robles a la izquierda y desciende hacia Agés.


    El pueblo de Agés desde la meseta.


   Agés es un pequeño pero encantador pueblo de arquitectura tradicional, con apenas 70 habitantes es un excelente lugar para dejar la mochila y pasar aquí la noche, nosotros no lo hicimos pero otros muchos peregrinos eligen este pueblo para descansar en alguno de los albergues que aquí existen. 

En el Diccionario de Madoz (primera mitad del siglo XIX) Agés tenía 52 vecinos (hogares) y 207 habitantes. Entonces el núcleo contaba con 69 casas, casa consistorial, escuela de primeras letras, hospital e iglesia parroquial. Madoz recoge la tradición de que en este templo estuvieron enterrados los restos de D García Sanchez III, rey de Nájera y Pamplona, muerto en la batalla de Atapuerca en la que venció Fernando I de León, ensanchando así los límites occidentales de Castilla, 


    Llegando a Agés  

    Agés


Pero si algo he de destacar de Agés, por el trato recibido y por la gracia y salero de su dueña, es el albergue de San Rafael, un lugar acogedor y atractivo donde reina la paz y la tranquilidad y donde además de dormir, comer y descansar se puede charlar con Ana Mari, una excelente mujer que llego hasta aquí por amor, primero hacia una persona y que más tarde se quedó para siempre atrapada por el Camino.

Sencilla, habladora y entregada al Camino, Ana Mari nos regaló su sonrisa y sus historias del Camino, para terminar con unas roscas de excelente sabor y caseras realizadas por ella misma. Ahora si que podemos decir aquello de; " Y entre San Juan de Ortega y Burgos nos comimos una rosca" 


    Albergue San Rafael 



Muchas gracias Ana Mari, por todo lo que entregas al Camino y a los peregrinos que tenemos la suerte de pasar por tu Albergue San Rafael, compartiendo un tiempo junto a tí.

Contacto Albergue San Rafael. Agés ( Burgos )

    Entrando en Atapuerca    


Atapuerca es nuestro próximo destino; este pueblo se encuentra a unos 2,6 km de Agés. Poco antes del pueblo un dolmen recuerda la muerte en batalla, en el año 1054, del rey navarro Don García I de Nájera. El pueblo es conocido mundialmente porque en la sierra homónima se descubrió uno de los yacimientos prehistóricos más importantes de Europa. El yacimiento no se encuentra en la ruta del Camino, pero sólo unos tres km lo separan, por lo que es posible su visita, eso si, hay que concertar la visita que salen desde el mismo pueblo. 


    Atapuerca

   Atapuerca y Agés al fondo

Atravesamos Atapuerca y tomamos un camino ascendente que deja el pueblo a la derecha y desde el que tenemos una buena vista de los pueblos vecinos de Agés y Atapuerca. El camino pedregoso con robles a la derecha y alambres de espino a nuestra izquierda, éstos pertenecen a un terreno militar, asciende hasta un pequeño puerto a 1060 metros de altitud, estamos en plena Sierra de Atapuerca y aunque la subida es incomoda por las piedras sueltas, ésta no es larga, y en pocos minutos alcanzamos la cima, donde una enorme cruz nos recibe.


    La gran cruz de la loma de Matagrande a 1060 mt.

 

La cumbre es un lugar de encuentro y hermosas vistas, entre ellas la ciudad de Burgos, que aunque algo lejos aún, ya se puede ver en la lejanía. Un cartel nos invita a gozar de las vistas y también a realizar algunas fotos. Aquí nos reunimos todos para comenzar juntos el descenso que nos llevará hasta el pueblo de Villalval.


    Dos peregrinos en animada conversación.  

    Desde la loma de Matagrande ya vemos Burgos   

La bajada hasta Villalval y el Valle del río Pico es muy agradable y placentera, el día sigue nublado y la temperatura es ideal para pasear por estos hoy solitarios parajes del Camino de Santiago a su paso por Burgos. 


    Descenso hacia Villalval 



Al entrar en Villalval lo primero que llama mi atención es su iglesia en ruinas, disparo fotos aquí y allá, y a medida que me acerco no puedo dejar de lamentarme por su estado. Cómo es posible que esta preciosa iglesia esté totalmente abandonada y derrumbándose ante el asombro de peregrinos y me imagino que mucho más de los pocos vecinos que forman este pueblo. A medida que el Camino avanza y las comunidades autónomas van pasando ante mis ojos, me voy dando cuenta de que no todos somos iguales, unos tienen y reciben mucho más que otros, ésto se ve con una simple mirada a los pueblos y monumentos que atraviesa el Camino.



                     Iglesia de Villalval 


Sólo 18 habitantes tiene Villalval, pero también ellos tienen derecho a tener iglesia y disfrutar de ella como lo hicieron sus antepasados. Me contaron que está previsto su restauración y convertirla en albergue del Camino de Santiago, pero de esto hace unos años y todo sigue igual. Yo desde aquí lanzo una llamada a los gobernantes de Burgos y Castilla y León para que tengan a bien restaurar esta preciosa iglesia. 


    Fuente en Villaval 

Después de visitar las ruinas de la iglesia nos dirigimos hacia una antigua fuente para saciar nuestra sed, algo acuciante por la larga y extensa bajada de la loma de Matagrande. Una vez que el agua hace su efecto confortable en nuestras gargantas y después de un descanso, decidimos seguir hasta Cardeñuela-Riopico y comer en algún bar o lugar de la zona.
De origen romano, esta fuente con dos hornacinas es muy parecida a la Fuente de la Peluquera en Cadalso de los Vidrios, sólo tenéis que fijaros en la hornacina superior para ver la enorme similitud.

    Cardeñuela Riopico 

    Iglesia de Cardeñuela Riopico 


Cardeñuela Riopico es otro pueblo del Camino con un encanto especial y una iglesia de Santa Eulalia que se eleva en un pequeño alto desde el que se domina el pueblo. Aquí pensábamos tomar algo pero al final decidimos hacerlo en Orbaneja, dando lugar a una peregrinación cómica trasladando nuestros enseres gastronómicos.


    Hacia Orbaneja

Una abundante comida regada con los buenos vinos burgaleses nos devuelven a la vida y casi consiguen alejarnos del Camino, es el reto al que se enfrentan los peregrinos en cada descanso y en cada comida antes de llegar al final de etapa, pero el camino debe continuar y las fuerzas salen desde los más profundo de nuestro sentimiento peregrino y a pesar del cansancio, de las ampollas y del bienestar de una sobremesa, de nuevo nos ponemos en camino, de nuevo volvemos a soñar con nuestro destino y una vez más sentimos la llamada del caminante que no deja de pensar en ese destino final que es Santiago y en nuestro hoy final de etapa en Burgos.

Desde Orbaneja continuaremos durante unos cinco kilómetros hasta Castañares y de aquí a Burgos mejor ni hablar, puentes, autovía, río Arlanzón, Plaza de San Juan, Avda. del Cid Campeador y por fin la catedral de Burgos, para nosotros el final de etapa.


    Arco de Santa María. Burgos


                En el monumento al peregrino en la Plaza de San Fernando frente a la Catedral
               de Burgos  


Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso

miércoles, 26 de febrero de 2014

El Tour, la infancia y los sueños por llegar

                             
               El Tour, la infancia y los sueños por llegar


Acaba de terminar el Curso, segundo de Bachillerato, con "todo aprobado" y, privilegiado, mis padres, siempre tan generosos, me querían recompensar por el trabajo, cómo era mi obligación, bien realizado. 

El Tour, una de mis pasiones de siempre, estaba ya casi mediado y ése año un ciclista, hasta entonces para mí desconocido, belga y de nombre Eddy Merckx arrasaba día tras día, daba igual si era montaña, etapa llana o contrareloj, su figura majestuosa, poderosa, esforzada, inconfundible, alzaba victoriosa los brazos cuando la pancarta de meta se hacía presente en el televisor. Cautivado por éste "monstruo", como cariñosamente le apodaron, mi ya añeja pasión ciclista se fué acrecentando y, no podía ser de otra manera, soñaba con emular las gestas del gran Merckx camino de Rozas, Cenicientos, Entrepinos o El Venero subido en una bici, como la de mi ídolo, de "carreras". 



La ocasión era, como he comentado al principio, la idónea para que mis sueños de infancia se hicieran verdad y un viaje inesperado a la capital, el momento para que lo imaginado se convirtiera en real. La noche anterior no se acababa nunca y el amanecer parecía que, como los ciclistas, se había descolgado y no terminaba de alcanzar la meta. Impaciente, la cama parecía un carrusel, vueltas y más vueltas, abajo, arriba, los ojos como platos y la mente, agotada, viajaba sin parar, Cenicientos, Rozas, El Venero, Campamento, Almorox…uff, qué agotamiento. Rendido caí en brazos de Morfeo y al iniciar en sueños la cuesta de Tórtolas, un mito entonces y siempre, la voz siempre oportuna y cariñosa de mi madre, acariciando mi nombre…”Balta, Balta, hijo que ya han pasado las burras de leche, que padre ha terminado del horno y cuando almuerce nos vamos para Madrid”. Una exhalación, eso fui yo cuando escuché la palabra Madrid. Por fin, ya había llegado, ya era el día, por cierto caluroso, brillante y típico del Julio madrileño. Tras una, para mí, interminable mañana de “gestiones”( Peñagrande, Vallecas, Moratines), aliviada con la lectura de un, ya legendario, Especial Tour del “AS Color” que, por cierto, aún hoy recuerdo y echo de menos, con un Eddy Merckx, cómo no, victorioso en portada y ataviado del Molteni , que daba paso a un resumen magistral de cada edición de la Grand Boucle desde sus orígenes , con abundantes fotografías, repleta de “mitos” en estado puro, de curiosidades y anécdotas que, grabadas a fuego, perviven en mi memoria. 



Con la emoción por las nubes, latiendo fuerte mi corazón por fin en la calle de Segovia , muy cerca del Viaducto, vimos “el cielo” con el nombre de OTERO que, altanero, lucía su escaparate con una maravillosa Zeus que, curiosamente, era como la de nuestro ídolo local, el bueno de Julio Jiménez. Unos metros más abajo, muy cerca del majestuoso puente, pudo aparcar el coche (un 4 L) mi padre, él sí, dispuesto y convencido. Junto con mi madre, cada vez más reticente, nos dirigimos a la “mágica morada” que, amable y complaciente, atendía Enrique Otero. Cegado por los nervios, la ilusión y, sobretodo, la emoción, de las dos que tenía elegí, incauto, la que había que encintar el manillar y así, por elegir color, por cierto azul, di tiempo a que mi pobre madre, nublada por el miedo e incluso por el pánico, cogiese calle abajo sin atender razón , no queriendo ser cómplice, pensaba, de la tragedia ciclista por llegar y, tras ella nosotros, desesperado yo, dejando al pobre Enrique plantado con su bici , en su tienda y con la cinta que acababa de enrollar. 





La vuelta, podéis imaginar, casi un funeral, silencio, silencios, miradas, impotencia, vacío y ganas …de llorar. Ahí acabo mi sueño, Merckx tendría que esperar, Rozas, Entrepinos, El Venero o Cenicientos “solo” me verían “pasear”, impotente, a lomos de una BH azul …de paseo, de Torrijos y nada parecida a las de “carreras” de verdad. 

Gracias queridos padres; el tiempo, como siempre, os deja en vuestro lugar, llenando el corazón, el recuerdo y los vacíos de un, entonces, niño caprichoso, antojadizo e irracional. que os recuerda, os quiere y añora cada día más. 


Con agradecimiento, a la memoria de mis PADRES.

Baltasar Villarín

martes, 25 de febrero de 2014

Un paseo nocturno por Cadalso. De la Plazolilla de Abajo al Callejón del Tío Ricardo


            De la Plazolilla de Abajo al Callejón del Tío Ricardo


    Plazolilla de Abajo

Aquí nos quedamos en el anterior paseo nocturno, que nos llevó desde la Corredera a la Plazolilla de Abajo, y aquí comenzamos este nuevo paseo por nuestras cadalseñas calles, algo vacías por la hora y el mes, pero siempre llenas de grandes recuerdos y mejores historias de ayer y de hoy.


                          Calle Carretas   

Nuestro recorrido de hoy nos va a llevar desde la Plazolilla de Abajo al callejón del tío Ricardo o de la Felipa, que ambos nombres ha recibido este corto y antiquísimo callejón desde siempre, aunque hoy en día los más jóvenes no recuerden nada de estos dos personajes de nuestro pueblo.
Y nada más abandonar la pequeña Plazolilla nos adentramos en la calle más estrecha de Cadalso, la llamada calle Carretas, aunque yo creo que por aquí no cabe ni la carreta más pequeña que jamás haya existido en Cadalso, muy pequeña tendría que ser. En la esquina de esta calle existió durante muchas décadas un bar llamado Sevilla, y decían los más mayores que aquí se tiraban las mejores cañas de cerveza de la época. Eran los primeros años de la llegada de la cerveza a Cadalso, y en ésto el bar Sevilla fue uno de los pioneros en servir las primeras cañas, que tiradas por Julián "Monarillo" sabían a gloria.




Al salir de la calle Carretas tomaremos durante un pequeño trozo la calle Real para rápidamente girar a la izquierda y adentrarnos en la calle del Coso. Esta calle es una de las más antiguas de Cadalso, lugar de nacimiento de muchos cadalseños y cadalseñas en las primeras décadas del siglo pasado, calle alegre, llena de vida y de muchos vecinos que habitaban las pequeñas y agrupadas casas que durante años convirtieron esta calle en una de las más populares de Cadalso. Nunca ha conocido negocio alguno en esta calle, bueno, la tienda de Juanito "Carabaña" y la Virgilia estuvo en la misma esquina con la calle Real, también recuerdo a Enrique el practicante, que ponía aquí en la casa de sus padres, las inyecciones. Tengo un agradable recuerdo de las granadas que por octubre vendía la "Colasina", éstas estaban mucho mejor que las inyecciones de hígado que te ponían cuando estabas algo débil, joder lo que dolían.
Hoy, al final de esta calle, existe un negocio rural llamado Ermita de Santa Ana, aquí puedes dormir con la tranquilidad que da este solitario lugar viendo la iglesia iluminada, precioso, y además puedes degustar unos exquisitos platos que Trini hace con todo cariño y experiencia y que están para chuparse los dedos, sin olvidarnos de la buena conversación de Alfredo sobre Cadalso y no digamos sobre los toros, todo un entendido.




Y por la calle del Coso, una vez pasada la Solana, llegaremos a la calle de Santa Ana, donde según cuentan nació Cadalso, por aquellos años llamado las Ventas de Santa Ana. Es Santa Ana una calle también muy antigua, y lo mejor de todo es que apenas ha cambiado en los últimos siglos. Desde una puerta que parece ser de la antigua muralla, hasta la de la iglesia de Santa Ana, pasando por los últimos vestigios de la fabrica de vidrios que tanta fama dieron a Cadalso durante siglos, esta calle tranquila y sin apenas tráfico nos transportará a otros tiempos, a mi personalmente a los tiempos en que funcionaban unas cuantas bodegas y la calle se llenaba de caballerías cargadas con la uva. Mi paso por esta calle me retiene un buen rato para hablar con esa familia cadalseña de gitanos que llevan aquí años y que tras la desaparición de los más mayores, ahora son comandados por Ramón y la Esmeralda. 




En la esquina tomo a la izquierda el Callejón de la Iglesia con una preciosa vista de nuestra Iglesia de la Asunción al fondo. La esquina es parte de la fachada de la antigua fabrica de vidrio desaparecida a primeros del siglo XX, en ella se reflejan los siglos en la belleza desnuda de sus piedras de granito cadalseño tallado a base de golpes de maza y puntero, sólo modernizado por esa baldosa que indica la dirección del Camino de Santiago a su paso por Cadalso. 




Y con la mirada fija en la torre de la iglesia llegamos a la mitad del Callejón de la Iglesia, lugar desde donde arranca ese otro callejón mucho más callejón si cabe y que recibe hoy y siempre el nombre de Callejón del tío Ricardo o de la Felipa, nombres que le vienen dado por ser estas dos personas habitantes de este lugar durante años. El tío Ricardo fue, y lo sigue siendo en la memoria de muchos cadalseños de la época, un gran hombre de enorme bondad que se ganó el cariño de todo el pueblo por su solidaridad y buen corazón. Sus toros, sus fincas y sus buenos caballos eran un signo de identidad de aquel Cadalso ganadero y torero de principios del siglo XX. Recuerdo al tío Matías que siempre trabajó con él, decir aquella frase que le llenaba de orgullo, "menudos cabaaaallos tiene el tío Ricardo", para terminar con esa frase tan suya, que jamás comprendí y aún hoy sigo sin comprender, que decía "ay que coña de macotera, me cago en la vi llorando". La Felipa fue otro personaje que aunque de distinta manera también llegó a calar en lo más hondo de todos los corazones cadalseños, su puchero, su verruga en forma de higo sobre su hombro y sus canciones populares fueron famosas en un tiempo en el que Cadalso recibía pocas influencias de fuera y lo nuestro era mucho más apreciado. Oírla cantar la canción "El  Palacio se ha quemado" era todo un placer que nos llenaba de orgullo y emoción, y todo por una peseta.




Hoy el Callejón sigue siendo un lugar lleno de misterio por el que pocos pasan, sus paredes de piedra con el marco de la puerta enjalbegado, nos sirve para saber que hubo otros tiempos diferentes a los de hoy, que los coches no existían y que las caballerías y los carros eran el medio de transporte mas veloz, eficaz y necesario. El Callejón vive de recuerdos, y a día de hoy en pleno siglo XXI sigue conservando su aspecto medieval, donde destaca su estrechez, tanta, que todavía hoy no ha habido coche que haya sido capaz de rodar entre estas viejas paredes de piedra, o al menos yo no lo he presenciado.




Y en el Callejón termina este efímero pero reconfortante paseo por unas calles de Cadalso ancladas en su pasado y en su historia.


Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso

lunes, 24 de febrero de 2014

Villa del Prado



Villa del Prado es un pueblo hermano de Cadalso, es lugar de unión y de grandes amigos, es sencillamente un pueblo donde los cadalseños nos sentimos a gusto, bien tratados y en excelente compañía.

Quiero dedicar este collage a unos cuantos praeños que siempre han estado a mi lado y a los que aprecio, en primer lugar a Luis (+) y a su esposa Pili. a Pedro Corral (+) y a Juan de los Bosques que se que ama su pueblo y siempre lo lleva en su corazón.

Un abrazo
Zorro Corredero

jueves, 20 de febrero de 2014

Rosquillas de Cadalso en casa de Daniel





Las rosquillas cadalseñas son todo un emblema de nuestra repostería, de entrañable sabor y gran historia, se vienen realizando desde hace cientos de años. Ayer y hoy siguen siendo el dulce típico de nuestras celebraciones, tanto en bautizos, comuniones, bodas, cumpleaños, y en Carnaval donde no puede faltar acompañada de un vino añejo o moscatel de nuestra tierra.  




La tarde comenzaba su declive en el invierno cadalseño, la masa que había reposado durante horas estaba lista para comenzar a dar forma a las rosquillas, una a una fueron pasando por las manos del hábil repostero para la ocasión, que ayudado por la harina conseguía que no se le pegara la masa a las manos.





Y una vez listas sobre la mesa de madera, las rosquillas pedían a gritos recibir ese baño, muy caliente por cierto, de aceite cadalseño y así tomar el color doradito que adquieren a medida que se van friendo.





Ya en la sartén, es el aceite y la temperatura los que se encargan de darles el toque para que cojan la textura y sabor perfecto, también decir que el maestro freidor tiene que controlar los tiempos, de lo contrario y ante un exceso de fritura podrían ponerse algo duras, no en el momento de sacarlas de la sartén, cuando calentitas están crujientes y ricas, pero si al enfriarse momento en que se podrían poner demasiado duras. En este caso no hay problema, aunque cierto es que casi nunca lo hay, ya que las cadalseñas-os son unos expertos reposteros que saben lo que hacer en todo momento.







Una vez que adquieren el punto justo de fritura ya están listas para pasar al baño de azúcar, es  éste un baño algo exagerado, pero si el azúcar es poco suele perderse con los días, así que lo mejor es bañarlas generosamente y si luego queremos quitar algo de azúcar sólo tenemos que soplar.







Poco a poco van saliendo de la sartén y pasando al azúcar, ahora es cuando más me gustan con esa temperatura que las hace estar tan tiernas que se rompen, dicen que es malo, pero yo y algunos más como se puede observar, no somos capaces de esperar y recién azucarada acaba en nuestra  boca para ser saboreada. 




Definitivamente están buenísimas, tanto que Daniel es uno de los primeros en probarlas y en jactarse de su elaboración, totalmente artesanal por cierto, pero en la que él poco ha participado, más o menos como yo. Bueno, aquí cada uno pone algo, Daniel la casa, yo las fotos y los demás la elaboración, aunque hubo uno que desapareció de la escena justo en el momento más necesario, pero ya se llevará la reprimenda.




Y después de la rosquilla calentita, un buen trago de aguardiente, lo justo para pasar la masa y darle el toque de alcohol que este tipo de dulces necesita. Aquí todo es casero, desde las patatas, el aceite, el vino. el aguardiente y los cocineros-reposteros.




Una vez más, y ya van unas cuantas, quiero agradecer a todos los buenos momentos pasados, la alegría que me trasmitís, la amistad sincera, la sencillez de todo lo que aquí ocurre, y los buenos menús que gracias a vosotros me proporcionan el placer de comer y beber en animada compañía, con la sensación placentera de sentirme entre grandes amigos y escelentes cadalseños que siempre estáis donde se os necesita.  





Un abrazo y muchas gracias.

Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso