Cadalsos de España

Museo Etnológico de Cadalso CASA CORREDERA

Museo Etnológico de Cadalso CASA CORREDERA
Una visita virtual al Museo Etnológico de Cadalso de los Vidrios que no te defraudará. Encontrarás aquellos antiguos objetos de otro tiempo, aperos de labranza y mucho más. No dejes de visitarlo porque en él verás reflejado otro tiempo y otras formas de vida de nuestros antepasados cadalseños. ( Pincha en la foto para entrar.)

Marcelino " El Bicho"

miércoles, 28 de enero de 2015

La Vida es sueño ( con perdón )


LA VIDA ES SUEÑO
(con perdón)

   Felipe Cartas Rodríguez

     Toledo

Una débil luz atacó sin compasión sus pupilas al abrir los ojos. La cercana ventana, como un agujero en el tiempo, le trasladó a un paisaje del Greco con sus amenazantes  cielos sobre Toledo, enmarcado en voluptuosas gasas que derramaban sus curvas con elegancia y generosidad. Todo estaba en calma, en silencio, atrayendo la voluntad de Lola hacia un estanque de placentero sosiego. Reconfortada, ajustó el ligero edredón de plumas alrededor del cuello y trato de alcanzar con su nublada vista más allá del cristal de la ventana. En el seguro refugio de su cama, protegida por el cálido abrazo de unas suaves sábanas, todo era más fácil.

El nuevo día la saludaba invitándola a conectar, mientras que la mayor parte de su ánimo seguía coqueteando con la almohada. Esa invitación iluminada se mostraba atrayente y provocativa, como una sirena entonando un canto de amor. Tenía la nariz helada, al igual que los tejados que adivinaba a lo lejos en la penumbra de su mente.

“Los árboles tienen un gesto sumiso y apesadumbrado. Están blanquecinos, como si durante la noche una comparsa de sureños duendes los hubiesen encalado. Creo que ha nevado”, pensó Lola.

Sonámbula, se asoma a la ventana para confirmarlo. Así es. Está todo precioso, a pesar de que apenas se distingue el níveo manto en la oscuridad. El cielo y la tierra tienen el mismo color, proyectándose el uno en el otro como si de espejos se trataran. Ve el contorno de la sierra y el alba reflejarse en las piedras.

                             Camino de la Peña Muñana


“Vaya día. Debe hacer un frío de la leche ahí afuera. Estaría bien poder darse una vuelta por la Peña y subir a lo más alto. Debe ser impresionante la vista. Cuando amanezca se lo propondré a Toño. Igual con unos arneses y una bañera de plástico… ”, sentenció con ironía Lola.

Una valiente sonrisa se apodera de sus labios y su escasa consciencia, mientras sus ojos se entornan involuntariamente para hacer aún más íntimo ese momento mágico. Siente el calor del placer que le proporciona el abrazo de Morfeo y ...


“Vamos Toño”.

La nieve lo viste todo, tiñendo de un aire intrigante lo que veo. El suelo está tapizado por una envoltura blanca que desafía la simple realidad. No hay volúmenes, ni dimensiones. Diríase que estuviéramos en una llanura, como la que atravesara Don Quijote en sus andanzas. O mejor, en una gélida estepa desafiante de misterios y aventuras. Solo los hijos de la tierra me permiten saborear la magnitud del reto.

Árboles erguidos, grandiosos, orgullosos de saber convivir y dominar a la naturaleza. Almendros, encinas, higueras, pinos, enebros, olivos, castaños,…imponen su silueta como prueba de fuerza. Sus ramas acunan con firmeza los trozos de nube que el cielo ha regalado, doblándose, amansándose ante el peso de sus frutos.

Cantueso, tomillo, romero, jara, retama, vides,… hermanos menores, me muestran el camino, indeciso, incierto, ambiguo. Todo se funde y se vuelve cierto a la vez, animándome a descubrir, a pisar la blanca y enigmática alfombra que se ofrece a mis pies.

Solo mis pisadas y el leve aletear de un pajarillo, alteran la imponente estampa. Una ráfaga de delicado viento me susurra cuentos de bosques encantados que conceden deseos añorados. Y la ilusión de la meta me acerca, paso a paso, esfuerzo a esfuerzo, al regazo de la montaña.

Toño debe estar ya cerca. Espero que no se caiga en ningún agujero. Llamo su atención y acude a mi encuentro justo cuando descubro la enorme mole pétrea. Es el último trecho. Se yergue imponente. Amenaza incierta, fortín de vida, protector de ánimos, guardián de secretos. Pendón natural que muestra el poder de la madre tierra. Energía, pirámide de vida que cobija y amamanta a sus hijos. Musgos preñados de agua que se afanan en fundirse con sus pétreos amigos. Astados líquenes que adornan pomposos a todo el que le preste sustento.

De improviso, una ventana al cielo deja atravesar un decidido rayo de sol que se abraza con pasión a las piedras. Grandiosa paleta de ocres, grises, blanco, verdes, azul, sombras y contraluces que te embarga y reconforta. La Muñana me llama, embriagándome con su alpina belleza. Su cumbre es el premio. El premio, la vida.

“Es el momento. Hoy haré cumbre, seguro. Mirar lejos, llenarme de vida”.

“Buenos días. Son las ocho de la mañana. Esto es Radio Nacional de España”,

El despertador sorprendió a Lola tanto como el paisaje que vio a través de la ventana. Estaba todo blanco, cubierto por unos cuantos centímetros de nieve y un tímido cielo azul adornaba el bucólico lienzo. El sol, radiante, reflejaba sus primeros rayos en Lancharrasa, acercándola el calor que necesitaba para levantarse.

“Que preciosidad, más de lo que podría soñar. Lo malo es que hoy no podré salir de casa. Tendré que llamar al trabajo para decir que estoy incomunicada. Día libre. Estaría bien darse una vuelta por la montaña, con Toño, escalar la Peña para ver lejos y estar más cerca del cielo. Aunque, la verdad, parece que lo he hecho. He dormido estupendamente y no me he despertado en toda la noche, pero tengo el cuerpo como si me hubiera dado un palizón a andar. Hasta creo que se me han hinchado los gemelos de las piernas”, río con ganas Lola mientras se desperezaba. “Hoy puede ser un gran día. Mejor me levanto y hago lo que pueda”.

                            Cerler Benasque


Lola apoyó sus brazos en el duro colchón y trabajosamente se incorporó en la cama. Apartó el ligero edredón de plumas de sus piernas y las agarró por debajo de las rodillas. Con habilidad, las dirigió hacia el borde y las dejó caer, inertes, una a una al vacío. Otro supremo esfuerzo le permitió acercar la silla de ruedas que esperaba al lado de su cama desde la noche anterior y con inusitado vigor, se lanzó decidida al blando cojín del asiento. Situó en el reposapiés las insensibles piernas, se echó por encima de los hombros una coloreada bata de flores y sonriente se dirigió al salón para contemplar, desde el otro lado de la casa, su querida montaña. Allí la recibió Toño, su fiel amigo, moviendo el rabo, dichoso por verla y compartir la emoción de estar vivos.

“Hoy nos divertiríamos con un trineo, compañero”.


FIN



martes, 27 de enero de 2015

La gran luminaria del barrio de San Antón-2015 en Cadalso de los Vidrios


       La luminaria del barrio de San Antón-2015






No sé qué hora puede ser, pero como cada año me encuentro subiendo camino de San Antón, porque al barrio de San Antón de Cadalso siempre se sube, para ver y vivir la luminaria que los sanantoneros colocan y prenden como recuerdo y costumbre de tiempos pasados para festejar la noche que precede al día del Santo Antón



No tengo mucha prisa porque siempre es tarde cuando la prenden, muy tarde, tanto que a veces pienso que lo deberían hacer antes, pero ellos sabrán y sus motivos tendrán para hacerlo a tan altas horas de la noche. Al menos este año hace bueno, de lluvia me refiero, de frío es otra cosa, ya que el año pasado no paró de llover y al final leña y gentes terminamos empapados.






Esto de las luminarias es cosa que une, que arrima la gente al fuego y a la amistad, que sirve para dejar los problemas atrás, para reír, pasar frío, sentirse vivo y cadalseño y deshacerse de lo que nos sobra, de lo que ya no nos sirve y de aquello que deseamos y hasta necesitamos quitarnos de en medio, una lástima que no se celebren muchas más luminarias en Cadalso, porque hay tanto que nos sobra para eliminar y tanto que nos falta para unir que sería una forma sencilla y tradicional de echar al fuego todo lo malo y quedarnos sólo con lo bueno. Debe ser por esto que en el pasado, nuestros mayores, listos ellos, siempre hacían luminarias por San Antón, algo entenderían  para dejarse llevar por el fuego y la amistad.




Muchos sanantoneros  me reciben junto a la pira de leña que pronta arderá, hace frío, bastante, pero las risas ayudan a soportarlo y las “reilaeras”  se pasan mucho mejor junto a la pequeña luminaria que desde hace tiempo arde, mientras la otra, la grande, espera.





Es en esta pequeña luminaria donde los más viejos sanantoneros toman asiento, y como si de la voz del patriarca se tratara, los jóvenes van recibiendo las ordenes, no siempre, que a veces no todos parecen estar de acuerdo y alguna pequeña discusión brota en lo más profundo de San Antón, en ese mismo camino que durante siglos los caminantes, peregrinos y arrieros, pisaron con sus viejas sandalias camino del norte al sur, de la España cristiana a la musulmana, de la vetona Ávila y la imperial Toledo, que al igual que Cadahalso compartiera durante siglos tres culturas, cristiana, judía y musulmana.





Pero volvamos a San Antón, barrio que recibió a la santa Teresa de Cepeda y Ahumada en su caminar por tierras castellanas camino de Toledo, aquí durmió y esparció su religiosidad la santa abulense que este año celebra el  V centenario de su nacimiento un 28 de marzo de 1515. Y aquí estamos nosotros 500 años después celebrando un tradición que a pesar de todo se mantiene, quién sabe si desde entonces, la de la luminaria del santo Antón que por algo el barrio siempre ha llevado su nombre.







Ya hace tiempo que las llamas comenzaron a iluminar la noche de Cadalso, que el calor atrajo a todos a su cercanía para sentir la magia de las llamas, al espíritu del fuego que siempre ha ensimismado al hombre a través de los siglos y hasta de los milenios. Los niños juegan y se paran para admirar el fuego que da la vida, sus ojos se quedan prendados del color y de las extrañas formas que adquieren las llamas, es un espectáculo digno de ver, de sentir y de guardar para siempre en lo más íntimo de nosotros.









Pero no todo deben ser buenas sensaciones para la mente y el alma, también el estómago hace rato que siente la necesidad de disfrutar y unirse a esta fiesta, al momento que aquí se está viviendo, y nada mejor para refrescar las humeantes gargantas, porque humo hay,  que  unas cervezas y agradable vino, al que se unen  abundantes raciones de excelentes chorizos y morcillas a los que acompañan la panceta y la cinta de lomo, bendito guarro que tanto bueno nos da y tanto nos aumenta el colesterol y los triglicéridos, pero qué coño, un día es un día.
  




Poco a poco la luminaria se va consumiendo, las ramas de pino y olivo, las retamas y la leña menuda hace tiempo que desaparecieron por el calor y ahora posan como ascuas luminosas de la noche cadalseña, no así los troncos más gruesos, los maderos traídos de aquí y de allá, que todavía siguen siendo pasto de las llamas.










Un cuadro de una puerta descansa apilado junto al montón de leña, pronta recibirá el calor y las llamas acabaran con muchas décadas de vida, era su destino final, pero en un momento alguien lo rescata y como final a su vida colabora para crear un marco donde las gentes de San Antón posan para la atenta mirada del fotógrafo que  al instante crea una pinacoteca exclusiva de los sanantoneros. Los hombres, las mujeres, los niños y el gran Juanjo que siempre portó la magia de San Antón,  van posando desde el interior del viejo marco de puerta, y cuando todos han sentido la luz del flash que esta vez actúa de pincel, el marco vuela y es arrojado a las llamas que lo devoran en minutos. Tal vez, siguiendo la costumbre de los ninots valencianos, habría que haberlo salvado, pero esto no es Valencia y al final, como no podía ser de otra manera, termina en el lugar que hoy le corresponde. (Las fotos del cuadro, otro día )









El tiempo pasa y la fiesta va terminando para mí, es hora de regresar a casa, de dejar que la noche siga ardiendo en San Antón, de pensar en el ayer y el mañana, en las tradiciones que vamos perdiendo y en esas otras horteradas que nada tiene que ver con nosotros y con nuestra cultura y que nos intentan colocar. Nada es más nuestro que lo que siempre hemos conocido, lo que nos han transmitido nuestros mayores, y todo esto es lo que se debe promocionar y en lo que debemos emplear nuestro tiempo, lo demás es perderlo.






Gracias a todos los sanantoneros  por dejarme integrar con vosotros,  por hacerme participe de vuestra luminaria y hacerme más cadalseño, porque gracias a todo esto hoy y siempre seré más feliz, notaré mucho más lo que tengo al lado, y también apreciaré esas otras culturas que no son las nuestras pero en algún momento han formado parte de mi entretenimiento y de mis ansias de conocer.








Y para el año que viene no estaría mal que todos los cadalseños y cadalseños acudiéramos a la luminaria de San Antón y que nuestro ayuntamiento pagara las viandas y la bebida, haciendo de esta costumbre algo institucional para siempre, que así sea.
Dedicado a todos los sanantoneros-as y en especial a aquellos-as que el destino les llevó a otras tierras lejanas a Cadalso.




Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso